SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS SECRETOS. Capítulo 1
Capítulo 1
En aquel tiempo dijo Enoc: Al llegar a los ciento sesenta y cinco años engendré a mi hijo Matusalén, y después viví doscientos años más hasta cumplir los trescientos sesenta y cinco.
En el mes primero, en el día designado del primer mes, en el primer día me encontraba yo, Enoc, solo en casa y descansaba en mi lecho durmiendo. Y durante el sueño invadió mi corazón una gran pena, hasta el punto de que exclamé llorando a lágrima viva: «¿Qué cosa querrá decir esto?»
En esto se me aparecieron dos varones, de una estatura descomunal, tal como yo no había tenido ocasión de ver sobre la tierra.
Su faz era como un sol refulgente, sus ojos semejaban antorchas ardiendo y de sus labios salía fuego; sus vestidos eran con abundancia de púrpura; sus alas brillaban más que el oro, y la blancura de sus manos superaba a la de la nieve.
Y poniéndose a mi cabecera, me llamaron por mi nombre.Yo desperté de mi sueño y vi claramente aquellos dos varones que estaban a mi lado.
Me levanté enseguida y me postré de hinojos ante ellos, sobrecogido de pavor, hasta tal punto que el miedo hizo cambiar el color de mi rostro.
Mas ellos me dijeron: ―Enoc, ten ánimo de verdad y no te asustes, pues el Señor de la eternidad nos ha enviado a ti: Entiende, que hoy vas a subir al cielo con nosotros.
Comunica, pues, a tus hijos y a todos tus domésticos lo que tengan que hacer aquí abajo con tu hacienda, mientras tú estés ausente. Y que nadie te busque hasta tanto que el Señor te restituya a los tuyos.
Y obedeciendo, prontamente, salí de mi casa y cerré las puertas, tal como me habían indicado.
Entonces llamé a mis hijos Matusalén, Regim y Gaidad y les comuniqué cuanto me habían dicho aquellos varones admirables.
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