SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS SECRETOS. Capítulo 4
Capítulo 4
De nuevo me tomaron aquellos hombres y me llevaron al segundo cielo, donde me mostraron tinieblas mucho más densas que las de la tierra.
Allí vi unos cautivos en cadenas, colgados y esperando el juicio sin medida.
Estos ángeles tenían un aspecto más tétrico que las tinieblas de la tierra y se lamentaban sin cesar a cada instante.
Y pregunté a los hombres que me acompañaban: ¿Por qué razón están éstos sometidos a un tormento continuo?
Y me respondieron:
Estos son los apóstatas del Señor, los que no han obedecido sus mandatos, sino que – siguiendo su propio albedrío han apostatado juntamente con sus cabecillas, que ahora se encuentran encerrados en el quinto cielo.
Y me dio una gran lástima de ellos.
Aquellos ángeles se prosternaron entonces ante mí y me dijeron: Hombre de Dios, ruega al Señor por nosotros.
Yo les respondí diciendo: ―¿Quién soy yo, hombre mortal, para interc eder por unos ángeles?
¿Quién sabe adónde iré yo mismo a parar y qué es lo que me está reservado y quién será el que va a rogar por mí mismo?
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