SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS MISTERIOS. Capítulo 7

 

Entonces me tomaron aquellos dos varones y me llevaron en volandas al quinto cielo, donde vi una cantidad innumerable de guerreros llamados grigori.

Su aspecto era como de hombres, si bien su estatura era mayor que la de los grandes gigantes; su faz era triste y el silencio de sus labios era perpetuo. Y no había nadie que sirviera en el quinto cielo.

Entonces dije a los dos varones que me acompañaban: ¿Por qué están tan tristes y tienen sus rostros compungidos y su boca taciturna y por qué no hay servicio en este cielo?

A lo cual me repusieron los dos varones: Estos son los grigori que apostataron del Señor; doscientas miríadas en total – juntamente con su caudillo Satanael y los que siguieron sus huellas y se encuentran ahora aherrojados y sumergidos en una espesa niebla en el segundo cielo.

Estos son los que desde el trono del Señor, descendieron a la tierra, al lugar llamado Hermón, mancillando la tierra con sus fechorías.

Las hijas de los hombres cometen muchas abominaciones en todas las épocas de este siglo, conculcando la ley, mezclándose con ellos y engendrando a los grandes gigantes, los monstruos y la gran iniquidad.

Y por esta razón el Señor los condenó en un gran juicio, mientras  que ellos lloran a sus hermanos y esperan su confusión en el día grande del Señor.

Entonces dije a los grigori: Yo he visto a vuestros hermanos y he sido testigo de sus obras, de sus tormentos y de sus grandes plegarias y he rogado también por ellos, pero Dios los ha condenado a estar bajo la tierra hasta el fin de ésta y del cielo por los siglos.

Y añadí: ¿Por qué os contentáis con estar esperando a vuestros hermanos y no prestáis servicio ante la faz del Señor? Estableced vuestros servicios y servid ante la faz del Señor para no enojar al Señor vuestro Dios hasta el fin.

Ellos escucharon mi amonestación y se alinearon en cuatro formaciones en este cielo. Y he aquí que mientras yo me encontraba con aquellos varones, sonaron cuatro trompetas a la vez con gran potencia, y los grigori cantaron al unísono, y su voz subió hasta la faz del Señor.

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