SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS MISTERIOS. Capítulo 8
Entonces me sacaron de allí los dos varones y me llevaron al sexto cielo. Y allí vi siete formaciones de ángeles, todos muy brillantes y gloriosos en extremo: su faz era más resplandeciente que los rayos del sol en todo su vigor y no se podían apreciar diferencias entre ellos, ni en su cara, ni en su figura exterior, ni en el atuendo de su vestido.
Su oficio es formar órdenes y estudiar el curso de las estrellas, la revolución del sol y el cambio de la luna.
Ellos contemplan la virtud y el desorden del mundo, a la vez que formulan órdenes e instrucciones y entonan dulces cánticos, y toda alabanza de gloria.
Estos son los arcángeles que están por encima de los ángeles, y ponen en armonía toda la vida del cielo y de la tierra.
Hay ángeles al frente de los tiempos y de los años. Angeles que están sobre los ríos y el mar y ángeles que tienen a su cargo los frutos de la tierra y el conjunto de plantas que sirven de alimento a cualquiera de los animales.
Y hay, finalmente, ángeles para cada una de las almas humanas, encargados de consignar por escrito todos sus actos y sus vidas ante la faz del Señor.
Entre ellos hay siete fénix, siete querubines y siete ángeles hexaptérigos que son una misma voz y cantan al unísono y cuyo canto es inenarrable.
Mientras tanto el Señor goza de su pedestal.
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