LIBRO SEGUNDO DE ENOC. LIBRO DE LOS MISTERIOS. Capítulo 11, segunda parte.

 

De nuevo me incliné, eché un vistazo desde mi trono y di por segunda vez una voz en las regiones inferiores, diciendo: 

Que salga de lo invisible una cosa invisible y consistente. 

Y salió Archas, duro, pesado y de un color rojo intenso. Entonces dije: 

Ábrete Archas, y que se manifieste lo que está naciendo de ti.

Y se abrió y salió el eón tenebroso, extremadamente grande, que llevaba en sí la creación de todas las regiones inferiores.   Vi que estaba bien y le dije: 

Baja ahora a la región inferior y solidifícate 

Y quedó convertido en el fundamento de las cosas inferiores, mas por debajo de las tinieblas no existe ninguna otra cosa.

Entonces mandé que se hiciera una combinación de luz y tinieblas, diciendo: 

Sé espesa y rodeada de luz. Luego la extendí y así fue el agua.

Y la extendí por encima de las tinieblas, por debajo de la luz, y así di consistencia a las aguas, esto es, el abismo.

Entonces puse un fundamento de luz al círculo del agua y forjé siete círculos interiores, formando algo parecido al cristal, a la vez húmedo y seco, esto es, el vidrio, el hielo y el circuito de las aguas y de los otros elementos.

Y yo mismo indiqué a cada cual su camino, a las siete estrellas, cada una en su cielo para que así avanzaran.

Y vi que estaba bien. Entonces separé la luz de las tinieblas, esto es, a través del agua, aquí y allá. Y dije a la luz: 

Sé tú día. Y di orden a las tinieblas que fueran noche.

Entonces sobrevino la tarde y luego la mañana, esto es, el primer día.

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