SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS SECRETOS. Capítulo 11. Primera parte
Y me llamó el Señor y me dijo: Enoc, siéntate a mi izquierda juntamente con Gabriel. Yo entonces me prosterné ante el Señor, y él me dijo: Enoc, todo cuanto ves y todas las cosas, ya sean estables o transitorias, han sido creadas por mí.
Yo voy a darte razón ahora, en primer lugar, de todo lo que creé, partiendo de lo no existente, y de lo que (hice visible), partiendo de lo invisible. Ni siquiera a mis ángeles he descubierto mis secretos, ni les he manifestado su propio origen; ellos tampoco han podido comprender mi creación infinita e incomprensible, que yo ahora te explico a ti.
Antes de que llegaran a existir las cosas visibles, yo era el único que se paseaba en lo invisible como el sol de oriente a occidente y de occidente a oriente. Más aún, mientras que el sol tiene su reposo, yo no encontraba descanso, porque todo estaba sin hacer.
Entonces pensé poner un fundamento y crear la naturaleza visible. Y di órdenes en las alturas para que descendiera de lo invisible un ser visible. Y descendió Adoil, grande en extremo, y al mirarle vi que tenía en su vientre una gran luz. Y le dije: Ábrete Adoil, y que se haga visible lo que está naciendo de ti.
Al abrirse salió una gran luz y yo me encontré en medio de ella. Y cuando parecía que iba siendo llevada la luz, salió de ella el gran eón, mostrando todas las cosas que yo había pensado crear.
Y vi que esto era bueno. Luego puse un trono y me senté sobre él, y dije a la luz: Sube por encima de mi trono, condénsate y sé el fundamento de las cosas de lo alto. Y no existe cosa alguna por encima de la luz.
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