SEGUNDO LIBRO DE ENOC. LIBRO DE LOS SECRETOS. Capítulo 13. Cuarta parte
Sí, hijos, no os engañéis, allí ha sido preparado de antemano un lugar para cada
alma humana. Yo he consignado por escrito todas las acciones del hombre, y
ninguno de los nacidos sobre la tierra podrá ocultarse ni esconder sus acciones,
pues yo veo todo como en un espejo.
Ahora pues, hijos míos, apurad con paciencia y mansedumbre el número de
vuestros días, para que heredéis el siglo sin fin que ha de venir por último.
Cualquier herida, llaga o quemadura, cualquier mala palabra y si os sobreviene
una desgracia o infortunio por causa del Señor, sufridlo todo por el Señor.
Y aunque seáis capaces de devolver cien veces la afrenta, no se la devolváis
al vecino ni al extraño, pues Dios es quien la devuelve por vosotros, y él hará de
vengador el día grande del juicio, para que no seáis vengados aquí por los
hombres, sino allí por el Señor.
Que cada uno de vosotros gaste el oro y la plata a favor de su hermano, así recibiréis un tesoro colmado en el otro mundo.
Tended vuestras manos al huérfano, a la viuda y al advenedizo según vuestras posibilidades.
Ayudad al fiel en sus penas, y no os alcanzará a vosotros la tribulación, ni cuando estéis holgando en la abundancia, ni cuando os llegue el tiempo del agobio.
Cualquier ugo áspero y pesado, si os sobreviene por causa del Señor –, aguantadlo y cortadlo, y así obtendréis vuestra recompensa en el día del juicio.
Por la mañana, al mediodía y por la tarde es conveniente ir al templo del Señor de la gloria, hacedor de todo. Pues todo espíritu le alaba y toda criatura visible e invisible le ensalza.
Bienaventurado el hombre que abre su boca a la alabanza y ensalza al Señor de todo su corazón.
Maldito el que abre su corazón al ultraje y ultraja al pobre y calumnia al prójimo.
Bienaventurado el que abre su boca para bendecir y alaba a Dios.
Maldito el que abre su boca a la maldición y calumnia todos los días de su vida ante la faz del Señor.
Bienaventurado el que ensalza todas las obras del Señor.
Maldito el que ultraja a cualquiera de las criaturas del Señor.
Bienaventurado el que tiene sus ojos puestos en la elevación del trabajo de sus manos.
Maldito el que se fija en el trabajo ajeno para destruirlo.
Bienaventurado el que es fiel a los fundamentos de los padres antiguos.
Maldito el que corrompe las leyes de sus antepasados y de sus padres.
Bienaventurado el que siembra la paz del amor.
Maldito el que destruye a los que viven pacificados en el amor.
Bienaventurado aquel que, sin hablar de la paz, la fomenta en su corazón para con todos.
Maldito aquel que tiene la paz en sus labios, pero no en su corazón.
Todo esto quedará bien patente en la balanza y en los libros del día del juicio.
Entonces, pues, hijos míos, no digáis: «Nuestro padre está con Dios eintercede por nosotros para librarnos con sus plegarias de nuestros pecados», (pues) allí no hay nadie que ayude al hombre que ha pecado.
Ved que yo he consignado por escrito todas las acciones que han cometido los hombres anteriormente y sigo anotando todo lo que se opera en los hombres hasta el fin del mundo. Nadie podrá borrar lo que he escrito con mi mano, pues Dios ve todo, hasta los malos pensamientos de los hombres –v anos como son –, cuando yacen en lo más recóndito del corazón.
Comments
Post a Comment